Identidad cultural entre Perú y Bolivia

Cada mes de febrero, las regiones de Puno y Oruro se transforman en un mar de colores. Miles de danzarines, tanto de danzas autóctonas como de trajes de luces, deslumbran con su devoción a la Virgen de la Candelaria.

Cada año, multitudes de personas viajan a estas ciudades para venerar a la “Mamita Candelaria”, festividad que fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. Sin embargo, desde La Paz y Oruro surgen protestas por supuesto plagio y apropiación de danzas como la Diablada, los Caporales y las Llameradas, las cuales Bolivia considera propias, argumentando que se originaron exclusivamente en su territorio.

¿Se trata de copia o plagio, o más bien de una identidad cultural compartida entre dos naciones heredera de sus antepasados?

Disputa por el origen de las danzas andinas y su identidad cultural compartida

La controversia escala a gran medida cuando Bolivia organizó una campaña que realizó en distintas naciones, tanto en América Latina, Europa, Asia y Estados Unidos, llevando la frase: “No al plagio”, “Bolivia libre de plagio” y “100% boliviano”. Esta iniciativa estuvo liderada por Napoleón Gómez, presidente de la Organización Boliviana de Defensa y Difusión del Folklore (OBDEFO). Generando discordia entre ambas naciones, al punto de que el tema llegó a los oídos de la UNESCO.

Por otra parte, historiadores, personajes y autores puneños defienden la tradición a capa y espada, aclarando que no se ha apropiado ninguna danza de su región, ya que todo forma parte de una identidad cultural compartida. Argumentan que estas expresiones “existían mucho antes que las fronteras de las repúblicas modernas”. Según esta versión, los pueblos quechuas y aymaras, junto al Lago Titicaca, comparten raíces y rituales que han evolucionado con el tiempo hasta la actualidad.

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